La Dimensión Descosida

“La radio aparece como un movimiento instituyente, como un dispositivo liberador, inclusivo y expresivo”.

La Dimensión Descosida, es una radio, un programa radial, un espacio para conectar, voces, y el eco. Un momento propicio para el encuentro, un espacio propicio para el azar, un rizoma de posibilidades con intención de la aparición de un otro, de un otro con quien dialogar…

Coincidimos con Gentis en reivindicar el Derecho a la Tontería, pensando que para que alguien hable es necesario que pueda animarse a hacerlo. Frecuentemente se encuentran muchas buenas razones para no hablar, “ya que de todas maneras no se nos escuchará”, y que eso “no servirá para nada” y “el día en donde somos un poco sinceros terminamos por darnos cuenta, entre otras cosas, de que tenemos miedo de se burlen de nosotros, teniendo miedo de decir tonterías”. Es ahí donde la radio nos permite intentar viabilizar los medios posibles para que lo que cada uno quiera transmitir tenga las posibilidades de encontrar un eco en otros. Hilos que atraviesan, se anudan y descosen en esa dimensión donde cada uno se hace escuchar, haciendo escuchar algo a otros.

Las redes sociales nos permiten un espacio de extimidad, llevando nuestra casa y nuestro programa (siempre abierta a visitantes imprevistos) a dimensiones descosidas y desconocidas. Es una de tantas otras posibles vías de generar la apertura al mundo de un discurso que necesita que busca ser alojado, y ser viabilizado.

Y es así como, una vez por semana emprendemos colectivamente, durante 2 horas, la tarea de ser agentes de un discurso que busca ser trasmitido y que puede sin más,

incluirnos dentro de un espacio compartido con quienes nos escuchan y entre quienes lo hacemos, generando efectos en cada uno de nosotros como sujetos singulares.

Finalmente diremos que el funcionar dentro de Veintiuno Doce con la participación de personas que concurren periódicamente y otras que van transitando azarosamente el espacio, y el difundirse afuera -en distintos ámbitos de la sociedad- posibilita un doble movimiento de apertura. Por un lado, fortalece los lazos de la sociedad con personas tradicionalmente segregadas de ella, y por otro, debilita el imaginario social sobre los trastornos mentales que justifica su marginación.